Se fue y no tuve tiempo de decirle adiós

“No hubo tiempo de despedidas, tampoco de un abrazo, ni siquiera de un te quiero, ella simplemente se fue y no me dio chance de haberme despedido, una enfermedad fuerte pero a la vez silenciosa me la arrebato, así fue como se fue, sin decirme adiós. Peleabamos mucho, que por la losa, por el desorden o simplemente por mi genio de porquería, aun así yo la amaba pero nunca se lo decía, tristemente eran más las veces que con ella discutía que los momentos compartidos, y ahora, ahora me arrepiento.

Se fue, sin decirme adiós, y todo por culpa del tiempo, ese tiempo que se fue agotando sin avisarme, quizá si hubiese sabido que ella tendría que emprender tan pronto ese viaje yo hubiera hecho más por hacerla feliz… Me escudo en decir que todo pasó muy rápido, pero en realidad no fue así, todo llega cuando el destino decide, lo que sucede es que no estamos preparados para ello y por eso se nos hace increíble que pasen las cosas”.

Todo sin decir adiós

Pero ese, realmente ese es el problema de nosotros los seres humanos, que esperamos hasta el último momento para expresar lo que sentimos, para entregar cariño, para regalar abrazos y para hacer sentir a otros cuanto los amamos.

Ojalá y algún día, no tan lejano, seamos mucho más conscientes de que la vida es solo una y no la tenemos segura, somos tan solo viajeros que vamos de paso por el mundo, dejando huella o dejando vacíos, eso depende de nosotros.

No esperemos que se haga tarde para hacerle sentir a los nuestros que son importantes, no esperemos a que mueran para llevar flores, canciones o cartas, las cosas en vida son mucho más válidas que ir cada ocho días a visitar un montón de tierra que ya no puede vernos ni escucharnos.

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